¿No te da la sensación de que, ahora mismo, la principal utilidad de la IA en muchas empresas no es innovar… sino justificar recortes?
No me malinterpretes. La IA es una herramienta muy potente, en eso estamos de acuerdo. Pero el problema no es la tecnología, sino el contexto en el que se está usando. Y no dejo de verlo día tras día en la prensa.
Y, si no, fíjate en este patrón: Empresa con márgenes algo justos, inversores nerviosos y una realidad económica incierta. El caldo de cultivo perfecto para que, en medio de una reunión, alguien aparezca con una frase del estilo: «Con IA podemos hacer lo mismo con menos gente».
No mejor. No distinto. No con más valor. Con menos gente.
Cuando la IA se usa para «hacer lo mismo con menos gente», no estamos innovando: estamos maquillando decisiones que ya estaban tomadas. Se traslada a una tecnología la responsabilidad de una gestión cuestionable; así, nadie tiene la culpa.
Y, ¿cuál es la traducción en el día a día?
Seguro que te la imaginas: Equipos más pequeños, sin apenas juniors, y todo el mundo teniendo que hacer más en menos tiempo. Claro, ahora cuentan con IA. El problema es que esto no solo quema a los equipos; también vacía a la empresa de aprendizaje, de criterio y de capacidad real de mejora.
Y creo que entiendes que esta reflexión no va contra la IA; nada más lejos de la realidad. Podríamos usarla para ahorrar a las personas tareas absurdas, repetitivas, o para mejorar procesos, para ser más creativos… Pero no, la usamos para algo que nos encanta: poner excusas.
Me interesa saber qué piensas. En el fondo, creo que esta situación es un paso inevitable, que puede incluso servir de coartada —dolorosa, pero efectiva— para la introducción de la Inteligencia Artificial en las organizaciones.
La pregunta no es si la IA destruirá empleo —una cuestión típica—. La pregunta es qué tipo de empresas estamos construyendo cuando la usamos como coartada.


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