El síndrome de febrero de 2020

En febrero de 20201, casi todos pensábamos que el mundo estaba bajo control.

Trabajos, colegios, viajes. Todo seguía como siempre, con tus problemas cotidianos, pero sin nada que copase los titulares de prensa y televisión. Si alguien te hubiera dicho que, unas semanas más tarde, todo eso se iba a desmoronar, te hubieras reído en su cara. 

Pero pasó. En febrero de 2020 las señales ya estaban ahí, pero no todo el mundo las veía. No por ignorancia, sino porque lo normal es que pensemos que el presente es una continuación del pasado: si ayer fue un día normal, probablemente hoy también lo será. Pero, en ocasiones, la realidad se empeña en llevarnos la contraria.

Bajo la superficie

A día de hoy, en la mayoría de oficinas, despachos, salas de reuniones… todo sigue como siempre. Correos electrónicos, informes, clientes, facturas. Nada hace sospechar que, bajo esa capa de normalidad, algo está pasando.

Y no, no se trata de titulares grandilocuentes como que “la IA te va a quitar tu trabajo” o una situación como en las películas de ciencia ficción, que colocan a la Inteligencia Artificial como el villano perfecto. Nada de eso. Pero, sin embargo, está pasando en los ordenadores de abogados, asesores financieros, analistas, médicos, consultores… El mundo empieza a verse diferente en empresas que se han dado cuenta de que, pueden hacer en horas, lo que antes tardaban semanas.

Cuando te paras a observar de un modo objetivo, puedes ver que la IA ya no es una promesa, sino una realidad. Y además, una realidad que está abriendo una brecha entre quienes saben aprovecharla y quienes piensan que aun es algo que está “verde”. Tenemos que darnos cuenta de que, cada día que pasa, esa brecha será más insalvable.

Un problema de percepción

Muchos lo intentamos. Abrimos ChatGPT (o el que fuera), hicimos una pregunta, obtuvimos algo mediocre y cerramos la pestaña con la sensación de que el hype era excesivo. Y en aquel momento, probablemente teníamos razón. Pero eso fue hace dos años. 

Los modelos actuales no tienen casi nada que ver con aquellos. No se limitan a responder preguntas, sino que analizan documentos, construyen modelos financieros, diagnostican enfermedades, diseñan interfaces, redactan contratos, desarrollan software y hasta toman decisiones. Y, en casos concretos, a un nivel que supera la calidad de un profesional humano con años de experiencia.

Pero muchas personas siguen ancladas en esos modelos generativos de hace un par de años, con respuestas vagas o que solo generaban imágenes divertidas. Ya no estamos ahí.

Una realidad vertiginosa

Uno de los estudios de METR, una organización dedicada a evaluar modelos de AI, mide algo muy concreto: cuánto tiempo puede trabajar una Inteligencia Artificial de forma autónoma (es decir, sin ayuda de humanos) en tareas del mundo real.

A mediados de 2024, la capacidad real era de unos 10 minutos. A fecha de publicación de este artículo, febrero de 2026, estamos en 14 horas y 30 minutos.

Como ves, no se trata de un crecimiento gradual. Es exponencial. Y los humanos somos bastante torpes comprendiendo la dimensión de las curvas exponenciales. Pero, aunque parezca que todo va muy despacio, la verdad es que su evolución solo puede describirse como vertiginosa.

Eso es lo que está pasando. Y cuesta verlo porque este cambio no viene con avisos y sirenas. No se parará un día el mundo para, al día siguiente, empezar de nuevo entendiendo que todo habrá cambiado. No, nada de eso. La verdadera disrupción nunca es dramática en su llegada. Es gradual hasta que, un día, es total.

¿Recuerdas el lanzamiento del primer iPhone en 2007? Todos sabíamos que aquello supondría un antes y un después pero, siendo realistas, asumimos que tardaría en llegar. Cuando veíamos por la calle a alguien con un iPhone, lo mirábamos asombrado, como si fuera alguien llegado de algún lugar extraño. Meses más tarde, hasta el móvil más económico compartía factor forma y funcionalidades con el iPhone. El cambio fue gradual, hasta que dejó de serlo.

La IA ya está redefiniendo profesiones enteras. Pero, como aun no lo has sentido en tu propia silla, piensas que aun está lejos. Pero no es verdad. Hay personas experimentando en su día a día la potencia de estas herramientas y, cuando les escuchas, describen un presente que huele a futuro.

El lado bueno de las cosas

No trato de dibujarte un futuro próximo aterrador, nada de eso. Tenemos sobre la mesa una tecnología que está transformando, entre otras muchas cosas, el mercado laboral. Pero también está derribando barreras que antes parecían inquebrantables. Conocimiento, habilidades, tiempo… recursos que han sido escasos o limitados, están poniéndose al servicio de todo el que los sepa utilizar.

La pregunta no es si la Inteligencia Artificial cambiará el mundo, porque ya lo está haciendo. La cuestión real es si tú vas a ser de los que están viendo venir los cambios o si, por el contrario, un día despertarás en un mundo que te ha dejado atrás.

En febrero de 2020, el mundo no cambió de golpe. Cambió en silencio, mientras la mayoría seguía con sus planes de fin de semana. Lo que nos enseñó aquel mes no tiene que ver con virus. Tiene que ver con la distancia que puede haber entre lo que está pasando y lo que somos capaces de ver. Esa distancia existe hoy. La diferencia es que esta vez sí tienes la oportunidad de elegir en qué lado estar.

  1. La referencia a febrero de 2020, es un guiño al artículo viral de Matt Shumer, disponible en X. ↩︎


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